miércoles, 26 de abril de 2006
A la mierda
(...)
"Si un médico se hubiera comportado como el Banco Mundial, habría sido condenado por mala práctica". Ésta es una de las conclusiones del artículo publicado en The Lancet por 13 importantes especialistas en malaria que acusan a la institución de haber desembolsado sólo una cuarta parte de los 325 millones de euros prometidos en cinco años en la lucha contra la enfermedad, de alterar para su beneficio los resultados de sus iniciativas e incluso de promover campañas basadas en tratamientos ineficaces. El Banco Mundial niega las acusaciones y atribuye los posibles errores a los países.
La malaria afecta a 300 millones de personas al año, y está presente en países donde vive la mitad de la población del planeta. Es endémica en muchas zonas africanas, donde es la primera causa de muerte infantil, incluso por delante del sida.
Por eso en 1998 se estableció una iniciativa, llamada Roll Back Malaria (RBM, Hacer Retroceder el Paludismo) cuyo objetivo era reducir a la mitad la incidencia de la enfermedad hasta 2010.
Un grupo de expertos encabezados por Amir Attaran, del Instituto de Salud Pública de la Universidad de Ottawa (Canadá), publicó ayer en The Lancet, coincidiendo con el día mundial contra la enfermedad, un informe en el que destaca el incumplimiento de estos objetivos. Los autores del trabajo cargan las culpas sobre el Banco Mundial. Este organismo, encargado por la ONU de promover el desarrollo en los países más pobres, debería ser el mayor financiador de los programas para erradicar la malaria.
Pero, siempre según los autores del estudio, no lo ha hecho.
Los 13 investigadores, algunos de instituciones tan prestigiosas como la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres o las universidades de Oxford y Harvard, destacan que en 2000 el Banco Mundial prometió ayudas de entre 240 millones y 400 millones de euros en cinco años -"realmente, préstamos"-. Esta cantidad fue reducida en 2002 a 160 millones de euros. Para el periodo entre 2004 y 2005, la aportación había bajado a unos 100 millones de euros.
Pero las críticas no se refieren sólo a la cantidad. Los autores también destacan "la falta de transparencia en el reparto de estos fondos", y que el equipo encargado de estudiar las solicitudes había pasado de tener siete personas en 2002 a cero. "Con ningún trabajador dedicado, el programa para la malaria podía hacer muy poco", apuntan.
Otro aspecto que critican es que en lugar de financiar los tratamientos más modernos (una terapia combinada que usa un extracto vegetal, la artemisinina), los programas del Banco Mundial insistieron en recomendar el uso de la cloroquina. Este medicamento -heredero de la quinina de hace más de cien años-, ha ido perdiendo eficacia a medida que el microorganismo que causa la enfermedad se ha ido haciendo resistente. "Si un médico o un farmacéutico se hubiera comportado como el banco, habría sido condenado por mala práctica médica", dicen los autores del trabajo.
De la mosquitera a la vacuna
La malaria es una enfermedad causada por un microorganismo (el Plasmodium falciparum) que mata a un millón de personas cada año, la mayoría niños africanos de menos de cinco años. Está presente en todos los países que se encuentran entre los dos trópicos -justo los más pobres del planeta-, donde habita el mosquito Anopheles, cuya hembra la transmite.
En los últimos años se han descrito casos fuera de este entorno debidos a la facilidad en los viajes y también al calentamiento, que facilita la reproducción de los insectos más al norte.
La primera medida de protección, y la más barata, consiste en evitar las picaduras de la hembra del Anopheles. Como se trata de un animal nocturno, las mosquiteras impregnadas de insecticida son una herramienta fundamental. También la fumigación de las zonas húmedas donde cría.
Pero también hay remedios médicos para combatir la infección. El más antiguo y conocido es la quinina, la corteza de un árbol cuyo uso por los descubridores ingleses, que lo aprendieron de los indios, dio lugar a un refresco, la tónica. Pero la quinina, y otras formas más modernas, como la cloroquina, han ido perdiendo eficacia al hacerse resistente el microorganismo que causa la malaria. Por eso desde hace unos años la OMS recomienda los tratamientos combinados con artemisinina, un extracto de una planta china, que se usaba desde hace siglos como remedio para las fiebres.
Como en todas las enfermedades infecciosas, estos remedios no son más que parches a la espera de uno definitivo: la vacuna. La Fundación Bill y Melinda Gates ha aportado casi 200 millones para conseguirla. El prototipo probado por el médico español Pedro Alonso en Mozambique en 2005 es la primera demostración de que esta vacuna es posible. (...)
Fuente diario digital El Pais.26/4/2006
Como puedes llegar a sentirte al leer algo asi. Cuando piensas que etica, que principios pueden tener personas que se hacen llamar voluntarios para meten la pata en la cesta de la recolecta.Que se puede pensar del futuro que nos espera viendo esto.
Lamentable, vergonzoso, desalentador,...
"Si un médico se hubiera comportado como el Banco Mundial, habría sido condenado por mala práctica". Ésta es una de las conclusiones del artículo publicado en The Lancet por 13 importantes especialistas en malaria que acusan a la institución de haber desembolsado sólo una cuarta parte de los 325 millones de euros prometidos en cinco años en la lucha contra la enfermedad, de alterar para su beneficio los resultados de sus iniciativas e incluso de promover campañas basadas en tratamientos ineficaces. El Banco Mundial niega las acusaciones y atribuye los posibles errores a los países.
La malaria afecta a 300 millones de personas al año, y está presente en países donde vive la mitad de la población del planeta. Es endémica en muchas zonas africanas, donde es la primera causa de muerte infantil, incluso por delante del sida.
Por eso en 1998 se estableció una iniciativa, llamada Roll Back Malaria (RBM, Hacer Retroceder el Paludismo) cuyo objetivo era reducir a la mitad la incidencia de la enfermedad hasta 2010.
Un grupo de expertos encabezados por Amir Attaran, del Instituto de Salud Pública de la Universidad de Ottawa (Canadá), publicó ayer en The Lancet, coincidiendo con el día mundial contra la enfermedad, un informe en el que destaca el incumplimiento de estos objetivos. Los autores del trabajo cargan las culpas sobre el Banco Mundial. Este organismo, encargado por la ONU de promover el desarrollo en los países más pobres, debería ser el mayor financiador de los programas para erradicar la malaria.
Pero, siempre según los autores del estudio, no lo ha hecho.
Los 13 investigadores, algunos de instituciones tan prestigiosas como la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres o las universidades de Oxford y Harvard, destacan que en 2000 el Banco Mundial prometió ayudas de entre 240 millones y 400 millones de euros en cinco años -"realmente, préstamos"-. Esta cantidad fue reducida en 2002 a 160 millones de euros. Para el periodo entre 2004 y 2005, la aportación había bajado a unos 100 millones de euros.
Pero las críticas no se refieren sólo a la cantidad. Los autores también destacan "la falta de transparencia en el reparto de estos fondos", y que el equipo encargado de estudiar las solicitudes había pasado de tener siete personas en 2002 a cero. "Con ningún trabajador dedicado, el programa para la malaria podía hacer muy poco", apuntan.
Otro aspecto que critican es que en lugar de financiar los tratamientos más modernos (una terapia combinada que usa un extracto vegetal, la artemisinina), los programas del Banco Mundial insistieron en recomendar el uso de la cloroquina. Este medicamento -heredero de la quinina de hace más de cien años-, ha ido perdiendo eficacia a medida que el microorganismo que causa la enfermedad se ha ido haciendo resistente. "Si un médico o un farmacéutico se hubiera comportado como el banco, habría sido condenado por mala práctica médica", dicen los autores del trabajo.
De la mosquitera a la vacuna
La malaria es una enfermedad causada por un microorganismo (el Plasmodium falciparum) que mata a un millón de personas cada año, la mayoría niños africanos de menos de cinco años. Está presente en todos los países que se encuentran entre los dos trópicos -justo los más pobres del planeta-, donde habita el mosquito Anopheles, cuya hembra la transmite.
En los últimos años se han descrito casos fuera de este entorno debidos a la facilidad en los viajes y también al calentamiento, que facilita la reproducción de los insectos más al norte.
La primera medida de protección, y la más barata, consiste en evitar las picaduras de la hembra del Anopheles. Como se trata de un animal nocturno, las mosquiteras impregnadas de insecticida son una herramienta fundamental. También la fumigación de las zonas húmedas donde cría.
Pero también hay remedios médicos para combatir la infección. El más antiguo y conocido es la quinina, la corteza de un árbol cuyo uso por los descubridores ingleses, que lo aprendieron de los indios, dio lugar a un refresco, la tónica. Pero la quinina, y otras formas más modernas, como la cloroquina, han ido perdiendo eficacia al hacerse resistente el microorganismo que causa la malaria. Por eso desde hace unos años la OMS recomienda los tratamientos combinados con artemisinina, un extracto de una planta china, que se usaba desde hace siglos como remedio para las fiebres.
Como en todas las enfermedades infecciosas, estos remedios no son más que parches a la espera de uno definitivo: la vacuna. La Fundación Bill y Melinda Gates ha aportado casi 200 millones para conseguirla. El prototipo probado por el médico español Pedro Alonso en Mozambique en 2005 es la primera demostración de que esta vacuna es posible. (...)
Fuente diario digital El Pais.26/4/2006
Como puedes llegar a sentirte al leer algo asi. Cuando piensas que etica, que principios pueden tener personas que se hacen llamar voluntarios para meten la pata en la cesta de la recolecta.Que se puede pensar del futuro que nos espera viendo esto.
Lamentable, vergonzoso, desalentador,...
